Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

En manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
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18.08.17 - MIGUEL HERNÁNDEZ
Una oportunidad única para disfrutar de Cartagena en agosto 

 

 Madrid, Londres, París, Berlín, Niza,….. y ahora Barcelona y Cambrils. Los fundamentalistas, asesinos y cobardes siguen empeñados en doblegar a la democracia, pero sobre todo, tienen como objetivo confrontarnos con la comunidad musulmana. De nosotros depende que eso no suceda.

Pero antes de nada, en estos momentos de dolor, impotencia, indignación, cabreo y enfado, donde las entrañas pasan a tener voz y voto en nuestro cerebro, me gustaría públicamente hacer un reconocimiento a la Guardia Civil, Policía Nacional, Mossos, Guardia Urbana, Policía Local y a aquellos empleados públicos que tienen que trabajar día a día para que podamos vivir sin miedos y sin sustos.

Pero sería bueno, que ahora más que nunca, no olvidemos que ocho de cada diez muertos ocasionados por los asesinatos terroristas fundamentalistas son musulmanes. Y también sería bueno que ahora que millones de españoles nos encontramos medio paralizados por las noticias que llegan de Cataluña, no demos rienda suelta a nuestras vísceras y a nuestros instintos más bajos.

Y ya puestos, sería saludable que en los próximos días cuando tratemos o nos crucemos con personas de origen marroquí o musulmanes, no veamos debajo de su chilaba o tras su pañuelo un ataque a nuestros intereses y nuestra democracia, y ni mucho menos pensemos que es un terrorista dispuesto a reventarnos el alma y el corazón.

Cientos de miles de marroquíes habitan en España, la inmensa mayoría han venido buscando mejorar su calidad de vida, es cierto que sus creencias religiosas y sus costumbres, incluida su forma de vestir, choca frontalmente con las nuestras. Ahora llegan días difíciles, no solo para nosotros sino también para aquellos extranjeros de origen marroquí que son conscientes del daño que estos asquerosos atentados hacen en las relaciones diarias.

Escuchar ahora en un bar de nuestro pueblo o nuestra ciudad, en una esquina o en una conversación familiar, pero sobre todo en redes sociales frases como ‘Que se vuelvan a su país’, ‘Son todos iguales’, ‘Lo que hay que hacer es montarlos en un barco y enviarlos de vuelta a su … casa’, ‘Encima les damos ayudas sociales’, etc. etc., será corriente, igual que verlos en una esquina sentados donde se reúnen cada tarde.

El problema es si cometemos el grave error de interiorizar estos dogmas, entonces, y solo entonces habrán ganado la guerra los energúmenos, cobardes y asesinos de los terroristas. No solo habrán matado a gente inocente, sino que habrán sembrado nuestro país de desconfianza y ansias de venganza.