Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

Cataluña: De la división a la fractura
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01.10.17 - MIGUEL HERNÁNDEZ

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 Salvo un ‘milagro’ en forma de elecciones autonómicas, donde los partidos no independentistas sacaran un sesenta por ciento de los votos, el principio del fin de Cataluña como parte de España ha comenzado.

El choque de trenes se ha saldado con más de setecientos heridos, pero lo peor de todo es que ha terminado por enfrentar no solo a catalanes con catalanes, sino a España con Cataluña. Ya nada será igual a partir de ahora.

Ver a ciudadanos echar a pedradas a la policía y a la guardia civil que cumplían órdenes de la justicia, y cargas policiales sin medir bien la dimensión de la situación, es el mayor ejemplo de que había demasiado gente interesada en que el 1 de octubre terminara así.

 

Lo del referéndum ha sido más propio de una república bananera, así que lo mejor que podrían hacer las autoridades catalanas es no hablar de él si tuvieran un mínimo de dignidad. Urnas que desaparecían y aparecían, gente votando una, dos y tres veces, otros votando en la calle echando papeletas en una urna que parece más bien un bidón de aceitunas.

Sí Puigdemont se atreviera a llevar al parlament esta patraña de votación y encima falseando datos, sería una locura. Ninguna persona con dos dedos de frente embarcaría a un pueblo a un viaje tan difícil con menos del 40% del censo. Pero es posible que el presidente no tenga dos dedos de frente.

Pero lo peor de todo ha sido las miradas de odio y rencor que había en muchos catalanes y catalanas hacia lo español, y que hoy se han visto acentuarse hasta límites que sacan lo peor del ser humano.

Algunos o muchos  independentistas están actuando, quizás con mucho sentimiento, no lo dudo, pero sin la más mínima inteligencia, están dando lugar a que una parte importante del resto del país al que pertenecen de momento, comiencen a odiarlos también por su actitud de superioridad y a veces chulesca, despreciando, ninguneando e insultado al resto de personas que vivimos en este país.

Deberían darse cuenta que en el mejor de los casos, que se autoproclamaran independientes y la comunidad internacional terminara reconociéndoles, más temprano que tarde, el resto de España tendría que votar a favor o en contra de que entren o permanezcan en la Unión Europea, entonces ¿Creen que si ahora mismo hubiera un referéndum en España para votar esta cuestión ganaría el sí o el no?.

Dentro de unos años, cuando los niños y niñas que viven en Cataluña crezcan, las ansias independentistas serán aún mayores, el odio entre estas dos Españas seguirá creciendo, y la tensión irá en aumento, por cierto, la comunidad educativa debería hacer alguna autocrítica digo yo.

Conozco ya demasiada gente que comienza a decir que no compra productos catalanes, incluso hay gente con miedo a viajar a Cataluña ahora por si tienen represalias contra ellos por ser simplemente españoles, y es que las autoridades catalanas han conseguido con esta actitud que el enfrentamiento entre españoles crezca y crezca.

No me preocupa si Piqué llora o dice ahora que no quiere jugar con España, si ha votado sí a la independencia no debería ni preguntar si es mejor no jugar más con la roja, por coherencia, por higiene mental suya, debería él mismo asumir su libre decisión y dejar de actuar con un niñato malcriado y no jugar con el sentimiento de la gente. Tampoco me preocupa si el Barcelona o los cientos de equipos catalanes, deberían jugar la liga española o no, lo normal es que jugaran su propia liga si algún día son república independiente, y mucho menos me preocupa la imagen que hemos dado a los ojos de la comunidad internacional, el mundo tiene problemas mucho más graves que fijarse en un pellizco de la península ibérica y sus reivindicaciones a veces paranoicas, lo que me preocupa es que el miedo se nos ha metido en el cuerpo y con razón, y lo que peor le puede pasar a una sociedad es vivir con miedo, con miedo a no ser libres para decir lo que piensan, con miedo a que por tu forma de pensar te puedan boicotear tu negocio o señalarte cuando vas al trabajo, y los Junqueras, Puigdemont, Forcadell… han conseguido meternos el miedo en el cuerpo para que nos deje inmovilizados ante sus desvaríos autoritarios y despóticos y así cumplir sus objetivos, y es que lo peor que le puede pasar a un político es que se crea que está llamado a una misión divina en esta tierra, es entonces cuando la paranoia le da la mano a la locura.

Se equivocan cuando dicen que España tiene un problema con Cataluña, una prueba más, como la de que los ojos del mundo están puestos sobre el nordeste de este país, de soberbia y chulería, ¡Ay lo que les gusta a los catalanes mirarse el ombligo!, quien tiene un problema es Cataluña con España y los catalanes con los españoles.

La solución, insisto, pasa por un milagro, la única esperanza es que si hay un país que cree en los milagros esa es España.