Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

TRANSPARENCIA: ¿Todo es mentira?
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05.12.17 - MIGUEL HERNÁNDEZ
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 No hay cultura de la transparencia en España, y por si faltaba algo, los mismos que durante años han y siguen escondiendo trapos sucios, son los encargados de poner luz donde ahora hay sombras y oscuridad. Así que es fácil deducir que los pasos que se han dado en los últimos años a favor de la transparencia han sido fruto única y exclusivamente por la presión social, no por convicción de la clase política. Y este es el mayor problema.

Mientras no se proteja, ampare y blinde al denunciante, nada de lo que se haga por la transparencia tendrá unos cimientos sólidos, todo será fruto del empuje de la sociedad, y así es difícil avanzar en la práctica, y solo la teoría irá ganando terreno.

El otro día asistí a las Jornadas sobre Gobierno Abierto, son necesarias muchas más, y tengo que reconocer sin ambigüedades, que solo por escuchar la corta pero intensa exposición del profesor Fernando Jiménez mereció la pena asistir. No solo comparto su crítica constructiva, sino que una vez más se demostró que nadar contracorriente es hoy en día un deporte de alto riesgo.

La armonía, que no Luna de Miel, que ahora se respira entre la Consejería competente y el Consejo de la Transparencia debería ser aprovechado para ahondar en el fondo del problema y no solo en la forma, pues me temo que se corre el riesgo de quedarnos solo en el papel.

Estos días se está llevando a cabo la tramitación de la Ley Integral contra la Corrupción, y la inmensa mayoría de las asociaciones de defensa del denunciante, están alertando del peligro que supone que no se cierre herméticamente la defensa de la figura del denunciante.

Hace unos días denuncié la pérdida millonaria de fármacos en un hospital público de la Región de Murcia, nadie me llamó, ni para ofrecer su apoyo, más aún, ni tan siquiera nadie ha exigido la más mínima explicación ni mucho menos responsabilidades. ¿Por qué la administración no ofreció datos alguno y quiso tapar el asunto?.

Este es un pequeño ejemplo, aunque muy significativo de la realidad en la que vivimos. Todo el mundo es consciente de los negocios que muchas empresas realizan a costa de las administraciones públicas, pero nadie se atreve a denunciar, unos por miedo, otros porque es una guerra que la dan por perdida, muchos porque se han acostumbrado a taparse la nariz, pero todos saben que quien alce la voz, se arriesga a que su cuello sea cortado ante el silencio cómplice de la sociedad.

Hay mucho trabajo por hacer, quizás demasiado, pero mientras tanto nos conformaremos con hacer jornadas, talleres, reuniones y algunos reventarse a clamar casi en solitario, que no es poco.

El Consejo de la Transparencia, después de varios meses y años clamando por el desierto, ha encontrado un pequeño Oasis, donde le pueden suministrar agua, comida y un poco de cobijo, esperemos que no se acostumbren como otros a vivir en una Haima, sería la forma más cruel de dejar de soñar con cambiar el mundo.