Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

1-1-2, No todo es oro lo que reluce
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12.02.18 - MIGUEL HERNÁNDEZ

Una oportunidad única para disfrutar de Cartagena en agosto           

 

El 1-1-2 está estos días celebrando su veinte aniversario, y hemos tenido noticias de ellos a través de varios medios de comunicación. Pero no todo es oro lo que reluce en este privatizado servicio. Ya anunciamos que cuando se opta por otorgar a la oferta más baja un servicio, al final siempre terminan pagándolo el más débil, los trabajadores. Y es que la administración sigue dejando al destino de lo que diga la empresa subcontratada respecto a sus trabajadores, cuando la normativa es tan tajante como clara. Por cierto, alguien debería recordar, aunque sea el Consejero de Fomento, que al margen de los aviones y los AVE, están los empleados públicos que hacen posible que los ciudadanos nos sintamos confiados en el sistema: el 061, como Teruel, también existe, los bomberos, la policía y los demás profesionales que suelen actuar, aunque no lo digan, con cierta eficacia. Y es que las urgencias no solo viven del 1-1-2

 Somos unos pocos los que llevamos reclamando un observatorio para las privatizaciones, un órgano sin ningún coste, pero que sin duda serviría para que la administración hiciera un seguimiento normativa y de cumplimiento de los pliegos de condiciones que se firman, y no una dejación de sus funciones que está ocasionando más de un quebradero de cabeza a trabajadores que desarrollan una actividad pública.

Seguir apostando por dar determinados servicios a la oferta más baja, sigue siendo una apuesta por colocar una guillotina en la cabeza de las personas que van a desarrollar un servicio público, pero está claro que es una apuesta que cuenta con el visto bueno de aquellos partidos políticos que tienen en la privatización de los servicios públicos uno de sus pilares económicos, y es que no hay nada mejor que 'invitar' a los amigos a repartirse el pastel público, aunque para ello tengan que pasar hambre los trabajadores.