Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

VIOLENCIA DE GÉNERO: Un problema público
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26.02.18 - MIGUEL HERNÁNDEZ

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57 mujeres fueron asesinadas en 2017, cerca de mil desde que se empezaron a contabilizar (2003), en enero de 2018 ya son seis mujeres más que se suman a la larga lista negra de este país,  con nombres y apellidos, con hijos e hijas, padres y madres. Si la clase política piensa que la violencia de género es un problema privado se equivoca. Mientras no se actúe en la raíz, habrá personas que utilicen la fuerza, la amenaza y su superioridad física para humillar, someter e incluso matar a otra persona. Y como pasa en una sociedad machista por naturaleza, casi siempre es la mujer la que se lleva la peor parte.

 Mucha gente pensaba que la violencia machista iría desapareciendo conforme las generaciones nuevas fueran siendo mayoría en la sociedad, y que por lo tanto, el machismo existente, latente y  promovido incluso algunas veces desde púlpitos y medios de comunicación,   durante la dictadura franquista, terminaría por quedar como algo residual.

 Pero los avances en este aspecto no están caminando a la misma velocidad que algunos pensaban, y lo peor de todo, es que los servicios públicos, a pesar de algunos esfuerzos puntuales y proyectos pilotos interesantes, no están respondiendo a la realidad social.

 Al margen de la necesidad más que evidente de invertir en recursos humanos y económicos, fiscales, policía, etc., es sobre todo imprescindible destinar recursos y tiempo en la educación y en las familias.

 La violencia sigue dándose en las escuelas e institutos, incluso la mayoría de juegos en la red están basados en violencia extrema,  las redes sociales siguen demostrando cada día que hay imbéciles que se creen con el derecho a mandar sobre la vida de las mujeres, y los hay incluso que son tan cobardes que se lo creen, cuando en realidad lo único que esconde es frustración, impotencia y una profunda falta de civismo.

 

Aún hoy, la comunidad educativa es incapaz, salvo honrosas excepciones, de afrontar problemas de violencia en las aulas, se sigue apostando por apartar del problema a la víctima en vez de al verdugo, escondiendo bajo las alfombras el problema, cuando la mejor manera de luchar contra esta lacra,  que a veces parece eterna, es conectar el altavoz al máximo volumen.

 Los verdugos tienen de su parte el silencio y el miedo, y nada se solucionará mientras no eliminemos estos escudos absurdos.

 De nada servirá que metamos a las víctimas en urnas de cristal, mientras no se actúe contra el verdugo y sus familias, detectando actuaciones violentas antes de que terminemos por crear asesinos en potencia. Reconocer que un hijo es violento no es nada fácil, incluso en muchas ocasiones los propios padres se enorgullecen de que su hijo ‘sea muy macho’.

 La violencia de género no es un problema del vecino del 2ºA, ni de la hija del 5ºC, es un problema mío, de la comunidad de vecinos, del barrio, de la ciudad, de la propia región, y del mismísimo país. En definitiva, es un problema público, y por eso, solo se solucionará desde un punto de visto del sector público.