Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

ES LA HORA DE LA AUTOCRÍTICA
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03.03.18 - MIGUEL HERNÁNDEZ

Una oportunidad única para disfrutar de Cartagena en agosto           

 Hasta siempre Forges

¿Tiene toda y exclusivamente  la culpa del deterioro de los servicios públicos nuestros políticos?, ¿Hacemos los empleados públicos todo lo que está en nuestras manos para prestar un mejor servicio?, ¿Hay mecanismos en la administración que faciliten ideas, propuestas y mejoras para prestar un mejor servicio público?, ¿Nos movilizamos y reclamamos lo suficiente para que el sector público sea un ejemplo a seguir?, ¿Nos hemos acomodado a ver pasar el tiempo en nuestros puestos de trabajo esperando la jubilación?, ¿Hacemos dejación de nuestras funciones algunas veces?.

Podemos seguir echando la culpa del deterioro del sector público a la dinámica privatizadora de algunos gobiernos, seguir pensando que luchar contra la administración es una guerra pérdida, incluso muchos optaron hace tiempo simplemente  por ir a trabajar, no por trabajar bien. Todas las opciones son legítimas, sobre todo porque nadie evalúa ni analiza ni estimula el trabajo del sector público, pero mientras sigamos sin hacer autocrítica, tengo que darle la razón al ex consejero Juan Bernal, cuando hace tiempo coincidíamos los dos en que nunca habíamos visto tanta desidia y falta de ilusión y motivación en los trabajadores que configuramos la administración pública.

Sería bueno que se abriera el debate profundo y responsable de cuáles son nuestros derechos, pero también nuestras obligaciones, nuestras responsabilidades, porque en definitiva, estamos hablando no de nuestro trabajo, sino del servicio público.

Muchos de los casos de corrupción han venido respaldados y refrendados por informes de empleados públicos, que por miedo, por sumisión o por no saber decir que no al político de turno, hemos sido capaces de plasmar negro sobre blanco disparates jurídicos y técnicos.

Seguramente, mucha parte de culpa la tiene el propio sistema, que supedita demasiadas jefaturas a la libre designación, lo que condiciona de manera excesiva a quienes tienen o tenemos la responsabilidad de avalar la legalidad.

Sería bueno que las organizaciones políticas, pero sobre todo sindicales, iniciaran un periodo abierto y sincero de autocrítica, estableciendo canales de información entre los miles de empleados públicos sobre el modelo de función pública que mejor garantice la mejor prestación del servicio, estoy convencido de que más de uno se llevaría una sorpresa.

Mientras eso ocurre, seguiremos viendo a demasiada gente ir a trabajar, ‘con cara de acelga’ como decía una amiga mía,  al sector público.