Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

Tamboristas de Mula: Mucho más que una escuela
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27.03.17 - MIGUEL HERNÁNDEZ
Una oportunidad única para disfrutar de Cartagena en agosto 

Escuela de Tamboristas de Mula

Desde que viví hace ya algunos años la noche de los Tambores de Mula me di cuenta de que este instrumento no solo forma parte de la ciudad, sino que redobla por sus venas, suena en sus corazones y ahora entiendo por qué habita en su alma.

El otro día tuve la oportunidad de asistir a la Escuela de música de la ciudad de Mula, y tengo que reconocer que ver a niños y niñas que algunos apenas pueden mantener la espalda recta mientras tocan su tambor, es una de las experiencias musicales más bonitas que he tenido en mi vida.

Por eso les prometí que un día hablaría de ellos, no solo de estos maravillosos ‘enanos’ enamorados del tambor, sino también de estos ‘locos’ por transmitir su conocimiento a cambio de orgullos y sentimiento. Pero si mérito tiene unos y otros, igual o más mérito tienen sus familiares que llevan, traen y a veces esperan y desesperan hasta que cae la noche, pero la llamada del tambor a veces es imposible de resistir.

Algún día la música deberá formar parte de la educación básica, y dejar de ser la hermana pobre de la educación, mientras eso ocurre, oír, sentir, ver y tocar a los futuros tamboristas de Mula, es una bocanada de aire fresco en la educación de nuestros hijos.

Cada martes y cada jueves por la tarde, más de cien niños y niñas a partir de cinco años, se ponen a escuchar las indicaciones de sus profesores, y cuando hablo con José María Zapata, uno de los ‘héroes’ voluntarios que dos tardes a la semana renuncia a otras cosas a cambio de soñar. Es cuando uno se da cuenta de la implicación de esta ciudad con el tambor. Veinte años, que se dice pronto llevan transmitiendo golpe a golpe, redoble a redoble el espíritu de esta ciudad.

Imagino, por desgracia para mí lo desconozco, se ve que cuando se repartieron los genes de la música y de la pintura a mí me pilló haciendo alguna ruta de la tapa, que tocar el tambor de esta manera es como montar en bici, una vez que se aprende, ya te acompaña el resto de tu vida, y al ver a todos estos pequeños golpear sus ruedas neumáticas que les llevará después a saber acariciar y hacer bailar el tambor, uno echa en falta una mayor implicación de las administraciones públicas.

A pesar de no contar con apenas recursos, de regalarle horas a la transmisión del conocimiento, la ilusión sigue intacta, pero sería todo un detalle, que cuando en esta ciudad sus presupuestos dejen de pagar cientos de miles de euros a una empresa por mantener una piscina cubierta que sigue cerrada y cada vez mas deteriorada, el ayuntamiento podrá destinar a este proyecto recursos suficientes para afianzar esta iniciativa tan increíble.

El Año que viene Mula acogerá en 2018 la XXIII Jornadas Nacionales del Tambor y del Bombo, lo que volverá a convertir a la ciudad en la capital del tambor en España, y si encima se declara por la UNESCO las fiestas de las Tamboradas de España como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, ya no habrá entonces excusa para que tanto la Comunidad Autónoma como el Ayuntamiento no solo mimen esta Escuela, sino que se rasquen el bolsillo, pues su futuro depende de ellos, no de las administraciones, sino de este puñado de personas que siguen haciendo sonar sus tambores mientras esperan las doce de la noche del martes santo.

 

A la noche de los tambores de Mula

 

Cuando la tarde se prepara para explotar la madrugada,
Ríos de música negra esperan la llamada,
El runruneo del silencio retumba mientras llega la noche deseada,
Tres, dos, uno, que balien las estrellas al son de la plaza reventada.

 

Senderos de sonidos corretean por calles y bares,
Redobles que salen de las gargantas de los tambores,
Lágrimas de sangre bajan hasta de los altares,
Son las cuatro de la madrugada, siguen sintiéndose los temblores.

 

Se va apagando la noche y amaneciendo la mañana,
Las últimas gotas recorren las arterias de la vida envenenada,
Ya sólo faltan doce meses, para volver a tocar tu piel amada,
Para que de nuevo la tarde se prepare para reventar la madrugada.