Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

No somos conscientes de la importancia que tienen sobre nuestro día a día las decisiones que se toman en Bruselas (Lola Sánchez - Eurodiputada - Podemos)
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24.02.16 - MIGUEL HERNÁNDEZ
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Lola Sánchez - Eurodiputada de PODEMOS

Se está negociando un acuerdo que cambiará la vida de millones de europeos y españoles. El poco conocido TTIP, el tratado comercial entre Europa y EE.UU. está lleno de momento de oscurantismo y muchas preguntas. En Europa cientos de miles de personas ya han comenzado a dar la voz de alarma. Por eso hemos querido hablar con Lola Sánchez (PODEMOS), junto con Ramón Luís Valcárcel, la única murciana que está presente en Bruselas, aunque sus visiones políticas son totalmente antagónicas. Con ella hemos hablado sobre todo de lo que puede significar que se apruebe este tratado. Este es el resultado.


¿Crees que en este rincón del sureste somos conscientes de que las políticas europeas nos están marcando nuestro futuro laboral, social y económico?

En absoluto. No somos conscientes de la importancia que tienen sobre nuestro día a día las decisiones que se toman en Bruselas. Aproximadamente el 50% de la legislación viene hoy día de las instituciones europeas, lo que demuestra la capacidad legislativa de la UE, ya sea a base de directivas o de reglamentos.

Pero este hecho - que la UE sea un gran órgano regulador - en sí no es negativo, pero se ve enmarcado en la actual arquitectura institucional europea, que es lo que falla. El Parlamento Europeo posee limitado poder legislativo, y siendo la única institución directamente elegida por los ciudadanos, da una idea del carácter poco democrático de las decisiones que vienen de Bruselas, especialmente de la Comisión Europea y de otros órganos no electos, y muy opacos, como el Eurogrupo o el BCE. Cada día emanan de estos órganos decisiones que no tienen ni origen ni control democrático, algunos de hecho son instituciones completamente alegales, como el Eurogrupo, pero son ellos quienes de facto dirigen la política europea, y por lo tanto, la política salarial, de gasto público, medioambiental, y tantas otras que modelan nuestras vidas.


La casi nula transparencia y el oscurantismo están siendo dos de los más graves problemas que estáis teniendo los eurodiputados para conocer que se está cocinando en las negociaciones sobre el acuerdo entre Europa y EE.UU. ¿Con los datos que conoces, cómo crees que puede afectar este acuerdo a los agricultores murcianos en particular y a los trabajadores en general?

A pesar de los intentos por ocultar constantemente los marcos de negociación del TTIP, conocemos, entre otras cosas, que la agricultura europea, y la de nuestra región en particular, será uno de los sectores más perjudicados. Es sencillo de colegir si hacemos una comparativa del tamaño medio de las explotaciones agrarias europeas y norteamericanas. Al otro lado del charco, la industria media es trece veces más grande que las nuestras, que suelen ser PyMES familiares o cooperativas agrarias de tamaño pequeño o mediano. El TTIP pretende, entre otros objetivos, abrir las puertas a la libre competencia transatlántica, y cualquier agricultor sabrá que es imposible competir con los gigantes agroalimentarios norteamericanos, que son industrias enormes que llegan a cotizar en bolsa.

Su modelo de producción tampoco tiene nada que ver con el nuestro. En EEUU las producciones están altamente tecnificadas e industrializadas, y el uso de productos como los transgénicos, las hormonas de engorde o los pesticidas no tienen límites legales. En Europa, especialmente en los últimos años, está floreciendo una pequeña industria agroecológica, beneficiosa en cuanto a la intensidad de los puestos de trabajo que crea, a la calidad de sus productos y a la sostenibilidad medioambiental. Ellas serán las primeras perjudicadas. Pero el mensaje no debe llegar sólo a los productores y trabajadores del campo, sino a los consumidores, que somos todos, y que veremos los mercados inundados de productos importados de EEUU, con escasa información sobre sus ingredientes, y desarrollados bajo métodos productivos que hoy en día están terminantemente prohibidos en suelo europeo, como el lavado de la carne de pollo en lejía o las carnes altamente hormonadas.

Respecto a los trabajadores, el TTIP provocaría una bajada generalizada de los derechos alcanzados durante décadas de luchas. Este tratado pretende desregular, es decir, eliminar lo que las grandes multinacionales llaman 'barreras al comercio', que son desde el salario mínimo, las indemnizaciones al despido, las vacaciones pagadas o las aportaciones sociales de los trabajadores por parte de los empleadores. Esto deriva de una cláusula (ahora llamada ICS, Investor Court System), que contiene el TTIP, mediante la cual una empresa extranjera podría demandar a un Estado si aquélla considera que una legislación puede dañar sus expectativas de ganancias. Esto ya es un hecho y ya está sucediendo, como Veolia contra Egipto por proponer una subida del salario mínimo de 50 euros al año. Una corte privada y totalmente opaca decidirá si Egipto debe indemnizar a esta empresa por tener que aumentar el salario de sus trabajadores en territorio egipcio. Es fácil imaginar la cantidad de demandas que una multinacional puede interponer contra cualquier Estado de la UE intentando acabar con tantos derechos sociales, y especialmente laborales.

 


Hay movimientos importantes en Europa protestando sobre este posible acuerdo, aquí en cambio, las organizaciones sindicales y mucho menos políticas están pasando casi de puntillas ¿Crees que España ha tirado la toalla y que como decimos aquí, que venga lo que Dios quiera?

Creo que en España nos queda un largo camino por recorrer. El primer muro con el que nos encontramos los que queremos que se hable del TTIP son los medios de comunicación. Los más grandes están en manos de bancos, fondos de inversión y acreedores varios, que serán los grandes beneficiados de un acuerdo como el TTIP. Así es como se entiende el silencio impuesto por los grandes medios, en colusión con el gobierno del PP, que también impide por todos los medios que se abra un debate público. Todos ellos saben que cuanto más se conozca de este tratado, más oposición crea.

En cualquier caso, nosotros nunca vamos a tirar la toalla, y además estamos convencidos de que estamos ganando la batalla, y prueba de ello es que desde la Comisión Europea han lanzado una fuerte campaña en redes sociales, desde donde se dedican a responderme, a mí y al resto de críticos, a todo mensaje que lanzamos avisando de los peligros de este acuerdo. En este sentido, me parece hasta divertido porque demuestra lo preocupados que están con la labor que estamos llevando a cabo tantas personas y organizaciones de la sociedad civil. Ver cómo responden a un tweet un sábado por la noche es llamativo, y evidencia su nerviosismo.


¿Crees que tanto populares europeos como socialistas darán el visto bueno a este acuerdo?

Estamos seguros de que los populares votarán a favor del TTIP, a pesar de que conozcan muy poco sobre él. Creo que soy la eurodiputada que más veces ha entrado en la sala de lectura donde se custodian los documentos secretos de las negociaciones. Tanto las formas como el fondo de este acuerdo les parecen bien. Que sean los lobbies los que tengan acceso preferencial a la mesa de negociación, y que la intención final de este tratado sea la máxima desregulación en todos los niveles de gobierno concuerda con las políticas que defienden.

La posición del grupo socialista es mucho más llamativa. Han exigido más transparencia a los negociadores, y se llenan la boca diciendo que defenderán con firmeza los derechos de los europeos; pero mientras, dejan que las negociaciones continúen dentro de unas líneas que nada tienen que ver con esa protección de derechos, sino todo lo contrario. También defienden esa cláusula de protección al inversor, pero piden que sean jueces y no árbitros quienes diriman las demandas que un inversor ponga a un Estado, como si esto cambiase algo el hecho gravísimo que supone poner en el mismo nivel a una empresa y a un Estado. Creo sinceramente que han perdido el norte, y que no puedes considerarte socialista de verdad si permites que una multinacional coarte la potestad de legislar de un Estado, de un ayuntamiento o de las instituciones europeas, y menos aún si es en aras a la protección de tu ciudadanía. Es un ataque directo a la soberanía popular, e impone los supuestos derechos al beneficio económico de las empresas por encima de todos los derechos recogidos en nuestros ordenamientos.


¿Piensas que la gente es consciente de que si se aprueba este convenio, habrá un antes y un después en las relaciones laborales?

Creo que la gente en nuestro país aún no es consciente de lo que puede suponer un tratado como el TTIP. Fue el propio Secretario de Comercio de EEUU el que dijo que el TTIP cambiará la forma en que vivimos y trabajamos. Yo añado que también cambiaría la forma en que nos gobernamos y legislamos.

Hay que hacer un ejercicio de difusión y claridad respecto a este acuerdo, y explicar con contundencia la amenaza que supone para nuestras vidas, pero especialmente para los trabajadores. Todos los derechos laborales podrían ser sujetos de demandas por parte de las transnacionales, pues efectivamente, son barreras que les impiden conseguir más y más beneficios económicos.


Con el acuerdo cerrado con Gran Bretaña ¿Europa se hace más grande y más fuerte para los ciudadanos o para el dinero?

Por supuesto, para el dinero. Con estas medidas se hace más evidente que los actuales dirigentes europeos están más preocupados por la libre circulación de los capitales que por el bienestar de los ciudadanos. Ahora el dinero tiene menos fronteras, y los trabajadores más aún. Además, crea al precedente para que cualquier otro Estado Miembro imponga unilateralmente medidas para limitar la circulación de ciudadanos europeos en su territorio. ¿Qué pasaría si un día Marine Le Pen llega a gobernar en Francia? ¿Quién le parará entonces los pies si decide tratar a los españoles como ciudadanos sin derechos?


¿Cómo ves el futuro de Europa si seguimos transitando por estos caminos donde se apuesta por seguir dejando 'cadáveres sociales' y donde las fuerzas más conservadores siguen aumentando no sólo su presencia sino su ideología?

En primer lugar, el futuro de Europa depende de sus gentes. Somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos en nuestras manos el poder para cambiar las cosas. Pero para ello tenemos que estar concienciados, y eso es lo que falta. Bruselas se nos aparece como un monstruo lejano y desconocido, y eso fomenta que nos desentendamos de lo que pasa aquí.

La prensa tampoco ayuda. Los grandes medios no se hacen eco de las grandes decisiones que se están tomando, de forma unilateral, como una reforma institucional de gran calado que es el Informe de los Cinco Presidentes. Ésta refundación comprende un verdadero proceso constituyente, pero a espaldas de los ciudadanos, sin consulta a los parlamentos, sin referéndum y sin apenas información.

Está en nuestras manos, en las de la sociedad civil, el ponernos las pilas y levantarnos por una Europa realmente democrática, solidaria, transparente y social. Mientras permanezcamos dormidos, los lobbies seguirán comprando voluntades y escribiendo leyes.