Miguel Hernández Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia. Funcionario de la Comunidad Áutónoma. Jefe de Área del SEF.

Fiestas de San Juan (El Castillejo)
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23.06.14 - MIGUEL HERNÁNDEZ
Una oportunidad única para disfrutar de Cartagena en agosto

Hoguera de San Juan

Estas noches, cuando prendan miles de hogueras de norte a sur y de lado a lado, volverán a arder miles de recuerdos de mi barrio de San Juan. Y en el corazón de este barrio, mi Petit Château como llamaba un amigo mío con aires de grandeza al Castillejo. Decían que había dos Castillejos, el de dentro y el de fuera, el de los castellanos y el de los gitanos, como si del bien y del mal se tratara. Pero yo solo veía gente humilde y gente pobre, gente que la vida les regaló una infancia y gente que ahora he comprobado, que la infancia fue su única vida.

Decía el poeta: “mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla….”, yo, que de poeta sólo tengo mi nombre y algún que otro sueño roto, podría decir que la mía, son recuerdos de echar partidos de fútbol los de dentro contra los de fuera, de jugar a los montones hasta que te pulían, de reventar el suelo a “güás” donde introducir las cristalinas, de ver girar trompas masacradas por las púas de otras, de rodillas y palmas ensangrentadas, y de pantalones y jerseys decorados de coderas y parches. Por que si Serrát decía que nació en el mediterráneo, yo lo hice en el corazón de San Juan, El Castillejo, en la parte de dentro.

Este martes de San Juan, la fiesta volverá a recorrer las arterias de uno de los barrios más castizos de la ciudad, fiestas que tuvieron sus momentos más álgidos de los últimos años cuando un grupo de personas decidieron dar un impulso a un barrio que quería mostrarse a la ciudad, eran los primeros años de la democracia. Fueron un puñado de hombres que pusieron horas y horas de esfuerzo en implicar a todo un barrio, ricos y pobres, hombres y mujeres, viejos y jóvenes. Y vaya si lo consiguieron, cientos de personas de otros barrios venían a vivir sus conciertos, sus carrozas, juegos y actividades bajo miles de banderas que adornaban las calles, pero sobre todo su hoguera.

El grueso de esas ilusiones salió principalmente de El Castillejo. Juan, Villa, Julián, Manolo, Juanito el carnicero, y tantos padres que contribuyeron a que durante unos días no se hablara de las miserias de la transición. Hoy, muchos años después, cuando todavía me cruzo con los rostros que sobreviven de mis recuerdos (Chipolo y sus hermanos, Jilay, Rosendo, el Japo, Espinosa, Antoñico, Mariano y Manolo, Leonor, Carmen Ana, etc.,….) curtidas unas, rotas otras, sigue revoloteando por mi venas aquel Castillejo lleno de gente que merecía la pena, maestros comprometidos como Don Antonio, funcionarios impolutos como Pavía, Bomberos, pintores, albañiles, fontaneros, y obreros, pero sobre todo, lo que más echo en falta, es a mi padre cada tarde de verano regando su calle para refrescar hoy mi memoria.

Sería fantástico que algún día, la gente que pulula ahora por las estrechas calles de San Juan, recuperaran, aunque sólo fuera por unos días, aquel espíritu que llevó a aquel puñado de personas, a juntar sus fuerzas y sus ideas y disfrutar de unos días dando la espalda al mundo, a la droga y al paro, en este pequeño rincón de San Juan.

Hoy en día, cada vez que me junto con mis hermanos y de vez en cuando rememoramos esa época de nuestras vidas, siempre terminanos por sentirnos orgullosos de nuestra infancia y de nuestra gente.
 

A las Fiestas de San Juan

Aún te busco entre los solares por los que deambulaba,

A veces huelo tu mañana y respiro también tu madrugada,

Incluso se pierde en mi ya  cansada memoria tú antigua mirada,

Aún recuerdo, aunque sea a duras penas, mi infancia pasada.

 

Paseábamos junto a precipicios de dudas y miserias,

Bordeábamos la vida sin darnos cuenta que la gente moría,

Cabalgábamos de noche en noche y de día en día,

Mientras la gente se levantaba en mitad de la noche dormida.

 

Y sin saber cómo,  saliendo de la nada desaparecían las dudas,

Nos abrazábamos a las banderas que colgaban entre las brumas,

Las calles se disfrazaban de fiesta con gotas de ternura,

Y durante unas horas, el llanto ya no era una lágrima oscura.